¨ en el sotobosque de la Myrtisylva fernandeziana, en los altos de la quebrada Villagra, en la expedición de este año. Foto:ROBINSONIA/DANTON Y PERRIER

Philippe Danton en el sotobosque de la Myrtisylva fernandeziana, en los altos de la quebrada Villagra, en la expedición de este año. Foto:ROBINSONIA/DANTON Y PERRIER

El Mercurio, Lunes 6 de Abril de 2009, por ALEXIS JÉLDREZ

Botánicos franceses hicieron el inventario de las especies del archipiélago Juan Fernández Alertan sobre la preocupante cantidad de especies introducidas. Existe un peligro ahí.

Dos botánicos franceses registraron todas las especies del archipiélago Juan Fernández. “Son 716 especies, de las cuales 213 son nativas y el resto (503) introducidas. Aquí la flora introducida supera largamente a la flora nativa”, comenta el botánico Philippe Danton, quien lleva 12 años viniendo a estudiar el tema. Su socio es Christophe Perrier; su organización, Robinsonia.

Empujón veloz

La gente ha introducido cabras u otros animales; “ellos además traen semillas en su pelaje”. También muchos llevan plantas para adornar sus jardines. -¿Se había hecho antes este trabajo tan completo? “

La Robinsonia saxatilis fue descubierta en 1999, en la Quebrada Corrales de Molina. Foto:ROBINSONIA/DANTON Y PERRIER

La Robinsonia saxatilis fue descubierta en 1999, en la Quebrada Corrales de Molina. Foto:ROBINSONIA/DANTON Y PERRIER

El primer catastro lo hizo Federico Johow en 1896″. El Dr. Johow, rector del Pedagógico, también fue botánico. En forma natural, en islas como las del archipiélago Juan Fernández o las Galápagos, una especie vegetal nueva se instala cada 8 mil años, plantea Danton: “La naturaleza habría necesitado 2.696.000 años para realizar lo que los hombres produjeron en 110 años”.

El problema de la isla es esta lucha. Lo peor es que, en estos casos de conflicto entre especies nativas y foráneas, se sabe siempre lo que va a pasar: pierde local. “En la isla existe un bosque, completamente original, al que yo le puse el nombre de Myrtisylva fernandeziana. Se parece al bosque valdiviano, pero es un bosque diferente, y es el único bosque que conozco en todo el mundo que tiene el ciento por ciento de las especies arbóreas endémicas. ¡Esto es algo extraordinario! Incluye insectos, pájaros y todo un ecosistema completo totalmente original y que no se puede encontrar en otra parte del mundo. Y eso hoy lo estamos perdiendo”.

Afortunadamente, todas las investigaciones de Philippe Danton y Christophe Perrier quedarán preservadas en un libro que el Museo Nacional de Historia Natural de París, del cual Danton es botánico adjunto, espera publicar el próximo año. Estará en español. Además, proponen crear zonas protegidas, hacer planes de rescate y fondos de investigación para crear un plan de conservación.

Foto: Revista Contrafuerte

Foto: Revista Contrafuerte

-¿Y por qué haces que sus personajes confluyan en Juan Fernández?

-Porque es un archipiélago muy cargado simbólicamente. Primero, Robinson Crusoe es una isla extremadamente literaria, lo cual la entronca con la gran tradición de la novela de aventuras: es la isla de Robinson, pero también la isla del tesoro. Segundo, son las islas que van quedando, al margen de todos los circuitos turísticos y comerciales. Islas del Pacífico Sur, remotas, desconocidas y profundamente poéticas. Por último, son, en mi visión, una metáfora de Chile, que es una isla, un lugar lejano, para estos personajes, errantes por definición, que lo miran desde Barcelona. Una isla perdida del fin del mundo. Yo nunca he estado en Juan Fernández. Todo lo escribí hablando con gente que ha vivido mucho tiempo allá y conoce bien la isla.

-¿No te dieron ganas de viajar estando más cerca?

-Por supuesto, pero de alguna manera preferiría no hacerlo. Aún tengo muchas ganas de ir, sobre todo ahora que publiqué la novela, pero durante el período de escritura privilegié la imaginación, la reconstitución en base a datos fidedignos, de todo tipo de documentos, incluyendo libros imprescindibles. Imaginar esas islas que van quedando era un ejercicio mucho más literario que ir y dar cuenta de una experiencia ya vivida.

Entrevista “Las islas que van quedando”

El autor Mauricio Electorat regresa con una posmoderna “novela dentro de la novela”, en la que personajes de vida errante confluyen en este archipiélago del Pacífico Sur buscando su lugar en el mundo. Stendhal, Céline, Bolaño aparecen, de una forma u otra, en Las islas que van quedando (Premio Consejo del Libro 2008). (más…)

Lactoris Fernandeziana – Archivos CONAF

Johow (1896) indica: ” Endémica de Masatierra. El género monotípico Lactoris, clasificado por Philippi en la familia de la Magnoliáceas, trasladado después erróneamente por Bentham a las Piperáceas i elevado por fin, por Engler al rango de familia independiente i afín de las Magnoliáceas, ofrece un interés jeográfico especialísimo por representar el único ejemplo de una familia que es endémica en una isla oceánica. Habita en la sombra de los bosques, desde 500 m sobre el mar hacia arriba; bastante rara. Portezuelo de Villagra, selvas del Yunque, cerros al interior de Pto. Inglés. Es un humilde arbustito mui ramoso que en su traje esterior recuerda las Peperomias i ciertas especies de Begonias. Sus tallos son redondos i mui nudosos i sus hojas pequeñas, transovadas i provistas de una ócrea, tal como se observa en los Polygonum. Las flores son muy poco conspicuas, polygamas monoicas i tienen un perianto simple. Todas las partes de la planta tienen gusto a pimienta”.

Skottsberg (1954) indica: “Endémica de Masatierra y confinada al cinturón de bosque húmedo de neblina desde el Pto. Francés hasta el Pto. Inglés sobre los 500 m, en toda esta área muy escasa, aunque no tan completamente rara como se supone. Densamente ramoso, tiene una forma mas o menos hemisférica, quizás mas correctamente, un árbol de corto vástago principal en miniatura. Máximo grosor 1,5 cm y 1,15 m de altura. Rebrota en otoño, las delicadas hojas glabras con un pliego a lo largo del nervio central y cubiertas por una ócrea hyalina. Flores terminales y axilares, 1 a 3 florece de noviembre a enero. Flores ya sea hemafroditas o femeninas (también masculinas según Hemsley), las axilares con una bracteola dorsal. semillas maduras en abril”.

Unico individuo cultivado en el Jardín Botánico Nacional de Viña del Mar, murió en junio de 2004 por ola de calor de invierno

La familia Lactoridaceae es endémica de la isla Robinson Crusoe. Uno de los pocos casos conocidos de una familia vegetal endémica de una isla. Lactoridaceae es una familia morfológicamente primitiva, vinculada a Magnoliidae, las primeras latifoliadas que aparecieron a fines del Cretácico hace 60 millones de años. La exacta afinidad taxonómica de L. fernandeziana es un incógnita aún, por cuanto los datos radiométricos sugieren que la flora endémica de las islas, es joven y ningún taxa aparentemente relictual llegó por dispersión durante el último par de millones de años, a menos que la especie arribó a las islas cuando estas estaban recién emergidas y luego la especie se haya extinguido en los continentes quizás durante los cambios climáticos del Pleistoceno (Vuilleumier, 1971; Simpson, 1974, 1975), lo cual pudo haber causado la pérdida en otros lugares con la sola permanencia en la isla donde permanece refugiada hasta hoy día (Stuessy, T. Sanders, R. et al. 1984). Su condición de especie arcaica es ratificada no obstante por la presencia del flavonoide isohammetin que sugiere una estrecha afinidad con las familias del orden Laurales, particularmente Gomortegaceae y Monimiaceae. Crawford, (D. et al. 1986). Lammers, T., et al. (1986), indica que aunque la familia se ha asociado a los ordenes Magnoliales, Laurales y Piperales, incluso se propuso un orden propio monotípico no validado, el orden Lactoridales (Dahlgren 1983, Walker & Walker 1984). Los análisis fenéticos, que estiman relaciones y permiten formular clasificaciones basadas en similitud de todo orden, sin consideración a la historia evolutiva del organismo, sugieren que Lactoridaceae se acomoda mejor en las Magnoliales y muy cercanamente a la familia Annonaceae. Los análisis cladísticos, por otra parte que reconstruyen los patrones de ramas filogenéticas de una manera definida y aplicada repetitivamente, indican que la familia es un miembro derivado de las Magnoliales, con afinidades a Annonaceae, Eupomatiaceae, Himantandraceae, y Myristicaceae. Respecto de su estado de conservación L.. fernandeziana es una especie escasa. Después de su última expedición a las islas en 1955, Skottsberg temió que Lactoris se hubiera extinguido, sin embargo durante la expedición Chileno–Norteamericana de 1965, se descubrieron cuatro plantas maduras y algunas plántulas de regeneración en dos diferentes localidades. Posteriormente, seis plantas fueron localizadas en cinco sitios durante la expedición conjunta Universidad de Concepción–Ohio State University en 1980 y 1984. La última evaluación de la especie hecha por la bióloga Marcia Ricci contabilizó 960 individuos que crecen sobre 450 m.s.n.m. en el cordón de cerros que cruza la isla Robinson Crusoe desde la Piña hasta quebrada Villagra y Cerro Alto (Ricci, M., 2001)

Aunque su escaso número total de individuos obliga a clasificarla como especie amenazada de acuerdo a los criterios actuales, su situación en la isla es de franca recuperación, las plantas están en buenas condiciones y regeneran normalmente, de acuerdo a reconocimientos de profesionales y guardas de CONAF que la han prospectado en diversos lugares de los cordones montañosos desde la Piña en Pto. Francés, hasta el Mirador de Selkirk.

Parte II

Parte III

Parte IV

Parte V

Parte VI

Parte VII

Parte VIII

Parte IX

Doce puntos críticos para salvar la biodiversidad del Archipiélago Juan Fernández, su verdadero tesoro.

Escrito por Carlos González Isla, El Mostrador

Jueves, 02 De Marzo De 2006

Existe consenso en torno a que el gran tesoro del archipiélago de Juan Fernández no está bajo tierra, sino sobre ella. Las islas que lo componen: Robinson Crusoe, Santa Clara y Marinero Alejandro Selkirk, albergan un alto porcentaje de especies endémicas que transforman al lugar en uno de los más ricos del planeta en cuanto a biodiversidad, a tal punto que se le denomina la “Galápagos de la flora”.

Sin embargo, muchas especies podrían desaparecer en los próximos cinco años de no adoptarse medidas concretas en doce áreas críticas de conservación que acaba de definir la Fundación Biodiversa, en conjunto con los guardaparques de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) que protegen el Archipiélago, el cual en un 96% es parque nacional.

Aarón Cavieres de Biodiversa “Si uno pudiera hacer una analogía con un incendio, podríamos decir que las especies invasoras (maqui, mora, murta, conejos, chaquetas amarillas, etc.) están incendiando el archipiélago a una tasa muy acelerada”, advierte Aarón Cavieres.

Para frenar una inminente catástrofe ecológica, Cavieres explica que la Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama) ya entregó su respaldo a un proyecto de bioseguridad, que será presentado junto a la Conaf al Fondo del Medio Ambiente Mundial a más tardar a fin de año.“Es un proyecto de 1.600 mil dólares para hacer un diagnóstico rápido y enfrentar estas amenazas en forma urgente. Pero además para establecer un sistema de bioseguridad.”, afirmó.

PROYECTO EN MARCHA

En la actualidad, el Parque Nacional Juan Fernández es custodiado por un administrador y nueve guardaparques, quienes conocen mejor que nadie lo que sucede en el archipiélago, motivo por el cual se transformaron inevitablemente en los responsables de determinar las doce áreas de riesgo.

El resultado de su trabajo está contenido en el informe denominado “Planificación de la conservación de la biodiversidad basado en el conocimiento de los guardaparques” y es resultado de la aplicación de un proyecto mayor conocido como Estrategia de Desarrollo Sustentable para el archipiélago de Juan Fernández que se encuentra en pleno desarrollo.

Esta iniciativa, dirigida por Cavieres, busca involucrar a toda la comunidad local en la planificación estratégica de la isla, contando para ello con apoyo financiero de la Fundación Avina, más el patrocinio de Gobernación de Valparaíso, Conaf y el del municipio isleño.

“Los guardaparques hicieron un mapeo de la distribución de las especies en peligro, de las formaciones vegetales y su estado, del avance de las especies invasoras y sobre esa base se dice: bueno, si tenemos que atacar estos temas y no tenemos mucha plata… dónde ejecutar las acciones más urgentes. Sobre esa base, se procedió a determinar las prioridades de acción de conservación. Eso es lo valioso, porque en definitiva se está integrando la acción de los guardaparques en la planificación, cuestión que antes no se realizaba”, indicó Cavieres.

GUERRA POR EL TERRITORIO

En los doce puntos críticos existe una verdadera “guerra” por el territorio, entre las especies propias de la isla y las provenientes del continente. Estos son los cerros: El Yunque, Damajuana y Alto; las loberías Tierras Blancas y Los Ramplones; además de los sitios, Piedra Agujereada, La Piña y Piedra Agujereada, La Pascua, Vaquería, morro de Juanango, plazoleta del Yunque y mirador de Selkirk.

La competencia ha derivado en que se encuentren en verdadero riesgo las siguientes aves: el Picaflor Rojo; las gaviotas costeras conocidas como Fardelas, el Cachudito; así como también el lobo marino y diversas especies de flora vascular. Los responsables de la catástrofe, al margen del hombre, lo constituyen: el conejo, que se mueve por toda la isla; el coatí; la cabra; el zorzal; la chaqueta amarilla, que llegó hace tres años, cubriendo actualmente parte importante del territorio de Robinson Crusoe; y la icerya o conchuela. El mismo daño a ras de suelo lo hacen el maqui, la mora, la murta, la amapola, el pino, el ciprés, y el eucalipto.

Para el guardaparque Guillermo Araya, uno de los autores del estudio, la idea es que el esfuerzo realizado no se quede en el papel, sino que se puedan destinar los recursos necesarios para resguardar la biodiversidad del parque. Según reconoce, aparte del dinero destinado a sueldos, Juan Fernández recibe sólo doce millones de pesos anuales para gastos operativos, lo que a todas luces es un presupuesto estrecho para enfrentar el problema de las flora y fauna que amenaza las 9 mil 700 hectáreas del parque.

En particular, una de sus principales preocupaciones la constituye la presencia del conejo, el que incluso ha llegado hasta las partes más altas de la isla, es decir, las mejor conservadas: “En lugares de difícil acceso como El Yunque, se han encontrado muestras de fecas, lo que es un indicador de su presencia”, dijo Araya.

Mención aparte merecen el aumento de la población canina que amenaza la vida de las crías -“popitos”- de los lobos marinos, especialmente en el sector de Tierras Blancas. Es por ello, que se pedirá a los pobladores que se responsabilicen del cuidado de los perros, de lo contrario tendrán que sacrificar a los más que ataquen más de una vez, sostuvo el guardaparque.